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CLAMOR DE LA TIERRA Y LUCHA POR UNA ECOLOGÍA INTEGRAL. DESAFÍOS ECLESIALES A PARTIR DE LAUDATO SÍ DEL PAPA FRANCISCO.

René Arturo Flores, OFM

Esta reflexión es un servicio a la jornada de formación, convivencia y espiritualidad, para los animadores de la misión evangelizadora en la arquidiócesis de San Salvador, del 21 al 23 de mayo del 2019.

“Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba” (LS 1); con esta aclamación poética tomada del “Cántico de las criaturas” de Francisco de Asís, el papa Francisco inicia la encíclica referente a la creación. Se marca la pauta de una reflexión que parte de la sensibilidad y los significados, de la poesía y el canto, con una carga simbólica que es una característica del pueblo Latinoamericano.

Este es un documento extenso en contenido y conceptos relacionados con la realidad de la “madre tierra”, con un enfoque científico sociopolítico, crítico y propositivo, en perspectiva de una ecología integral, con fundamentos humanistas, éticos y bíblico-teológico.

Resaltar que es el primer documento oficial e institucional de la Iglesia católica, que en su totalidad está dedicado a la realidad que vivimos en el planeta, la biodiversidad, los ecosistemas y el modo de estar del humano, la sociedad y los países.

Decir una anécdota al respecto del documento: es sobre una mujer perteneciente a la Iglesia Luterana, que participó en la protesta que realizamos este año en Valle del Ángel, Apopa, contra el mega proyecto habitacional que buscan desarrollar en esa zona de captación de agua y mantos acuíferos, y lo peor, con la construcción de dos mega templos: uno católico y otro evangélico, para abarcar la oferta religiosa. Ella tomó la palabra después de la conferencia de prensa, y dijo, que ese libro de la Laudato Si, ella se lo había leído todo, y que lo promovía porque está hecho para que los cristianos defiendan la creación.

Los ejes centrales de la encíclica están dichos en la introducción a los seis capítulos, los cuales son: “la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida” (LS 16).

Como ya veíamos desde el título, Francisco de Asís es una inspiración importante en todo el desarrollo del documento, dice de él, “es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología, amado también por muchos que no son cristianos. Él manifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior” (LS 10).

Es importante afirmar, que los desafíos surgen de la realidad en toda su complejidad, crisis y problemática, basta volver a la metodología de la eclesiología del Concilio Vaticano II, y de los documentos del CELAM, que nos llevan a VER con honestidad la realidad, JUZGAR-LA crítica, analítica y evangélicamente, llegando a un ACTUAR (Salir-anunciar) comprometido con las causas de los empobrecidos y la “madre tierra”.

Presento a continuación, algunos desafíos que la Laudato Si, plantea a la Iglesia seguidora de Jesús, desde la perspectiva del “Clamor de la tierra y lucha por una Ecología integral”.

  1. La realidad: grito de los pueblos y grito de la tierra

La encíclica dedica dos capítulos al análisis de lo que deteriora el planeta, el primero y el tercero capítulo, uno sobre la realidad que deteriora y el otro sobre las causas.

Desde los inicios planteó esta situación de deterioro, “esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes” (LS 2). El punto está en una visión antropocéntrica que ha puesto por encima al humano y sus modelos económicos basado en el mercado, sobre la vida misma de toda “la hermana madre tierra”.

Una primera consecuencia que nos desafía es la contaminación y el cambio climático (LS 20-26); ante esta problemática, “la humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo” (LS 23). Una crítica al modelo de producción y consumo, unido a la acumulación de riqueza por parte de algunos poderosos (LS 26).

Nos desafía, “la calidad del agua disponible para los pobres, que provoca muchas muertes todos los días” (LS 29). Al respeto el papa denuncia que, “mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado” (LS 30). La privatización de este bien del pueblo afecta a los empobrecidos, por eso dice que “este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable” (LS 30).

Otro desafío es que, “los recursos de la tierra también están siendo depredados a causa de formas inmediatistas de entender la economía y la actividad comercial y productiva” (LS 32); por eso, “el cuidado de los ecosistemas supone una mirada que vaya más allá de lo inmediato, porque cuando sólo se busca un rédito económico rápido y fácil, a nadie le interesa realmente su preservación” (LS 36). En esta línea la encíclica plantea una propuesta novedosa, el sentido de integración que tenemos entre los seres vivos, “todas las criaturas están conectadas, cada una debe ser valorada con afecto y admiración, y todos los seres nos necesitamos unos a otros” (LS 42).

Otra denuncia que retoma la encíclica es sobre el deterioro de la calidad de vida y la degradación social (LS 43-47). Con mucha razón dice, “el ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos” (LS 48); por eso resalta que, “hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (LS 49). Hay una clara relación entre justicia, clamor de los pobres y el deterioro ambiental, “Se pretende legitimar así el modelo distributivo actual, donde una minoría se cree con el derecho de consumir en una proporción que sería imposible generalizar, porque el planeta no podría ni siquiera contener los residuos de semejante consumo” (LS 50).

La denuncia es muy concreta a los países del “norte” que se han enriquecido con nuestros bienes naturales, “las exportaciones de algunas materias primas para satisfacer los mercados en el Norte industrializado han producido daños locales, como la contaminación con mercurio en la minería del oro o con dióxido de azufre en la del cobre” (LS 51); este sistema es “de relaciones comerciales y de propiedad estructuralmente perversa” (LS 52). Como bien expresaron, “los Obispos de Estados Unidos, corresponde enfocarse “especialmente en las necesidades de los pobres, débiles y vulnerables, en un debate a menudo dominado por intereses más poderosos” (LS 53).

La inequidad, injusticia y depredación se genera porque, “hay demasiados intereses particulares y muy fácilmente el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común y a manipular la información para no ver afectados sus proyectos” (LS 54). Por eso la causa está en que, “los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente” (LS 56).

Otro aspecto de este deterioro planetario que la encíclica nos presenta es lo relacionado con la tecnología y la tecnociencia, que aun con todo su aporte, “nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma y nada garantiza que vaya a utilizarlo bien, sobre todo si se considera el modo como lo está haciendo. Basta recordar las bombas atómicas lanzadas en pleno siglo XX… sin olvidar que hoy la guerra posee un instrumental cada vez más mortífero” (LS 104). El antropocentrismo unido a la tecnología es una fórmula hegemónica, “el paradigma tecnocrático se ha vuelto tan dominante que es muy difícil prescindir de sus recursos, y más difícil todavía es utilizarlos sin ser dominados por su lógica” (LS 108).

A los grupos de poder económico no les interesa la situación de miseria de las grandes mayorías, “no parece preocuparles una justa dimensión de la producción, una mejor distribución de la riqueza, un cuidado responsable del ambiente o los derechos de las generaciones futuras… el mercado por sí mismo no garantiza el desarrollo humano integral y la inclusión social” (LS 109).

Una postura alternativa, “debería ser una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático” (LS 111). Es importante revisar nuestras cosmovisiones, creencias y prácticas humanas, “no habrá una nueva relación con la naturaleza sin un nuevo ser humano. No hay ecología sin una adecuada antropología” (LS 118); no hay que perderse, “la crisis ecológica es una eclosión o una manifestación externa de la crisis ética, cultural y espiritual de la modernidad…” (LS 119); este modelo basado en la economía de mercado, el antropocentrismo y la tecnología, seguirá destruyendo la creación entera y con ello la humanidad (LS 122-123).

El trabajo humano y el empleo es de gran importancia, “los costes humanos son siempre también costes económicos y las disfunciones económicas comportan igualmente costes humanos”. Dejar de invertir en las personas para obtener un mayor rédito inmediato es muy mal negocio para la sociedad…es imperioso promover una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial”. Con total claridad el papa plantea que, “para que haya una libertad económica de la que todos efectivamente se beneficien, a veces puede ser necesario poner límites a quienes tienen mayores recursos y poder financiero” (LS 128-129).

En este mismo sentido, el papa cuestiona la utilización de la semilla transgénica, y la apropiación de grandes cantidades de tierra, con expulsión de los campesinos locales (LS 133-134). Es importante una comunicación e información clara de cualquier “proyecto” con la comunidad local, por eso, “hay que asegurar una discusión científica y social que sea responsable y amplia, capaz de considerar toda la información disponible y de llamar a las cosas por su nombre. A veces no se pone sobre la mesa la totalidad de la información, que se selecciona de acuerdo con los propios intereses, sean políticos, económicos o ideológicos” (LS 135).

  • Ecología integral, un modo de pensar y relacionarse con las criaturas

La perspectiva de una ecología integral, “exige sentarse a pensar y a discutir acerca de las condiciones de vida y de supervivencia de una sociedad, con la honestidad para poner en duda modelos de desarrollo, producción y consumo” (LS 138).

Plantea que, “es fundamental buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella y estamos interpenetrados” (LS 139). Hay que renovar nuestra comprensión de la realidad, desde esta perspectiva compleja e integral del planeta.

La mirada de la realidad debe abarcar diferentes enfoques ecológicos: el económico, cultural, ambiental, social y la vida cotidiana (LS 138-155).

En este planteamiento, resalto como desafío el comprender lo ecológico desde la cultura y los pueblos, “hace falta incorporar la perspectiva de los derechos de los pueblos y las culturas, y así entender que el desarrollo de un grupo social supone un proceso histórico dentro de un contexto cultural y requiere del continuado protagonismo de los actores sociales locales desde su propia cultura” (LS 144). En nuestros pueblos debemos estar atentos, porque, “la imposición de un estilo hegemónico de vida ligado a un modo de producción puede ser tan dañina como la alteración de los ecosistemas” (LS 145).

Los pueblos indígenas, “no son una simple minoría entre otras, sino que deben convertirse en los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten a sus espacios. La tierra no es un bien económico, sino don de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para sostener su identidad y sus valores. Cuando permanecen en sus territorios, son precisamente ellos quienes mejor los cuidan” (LS 146).

El mayor peligro que en la actualidad que están enfrentando los pueblos indígenas en la región del norte de Centroamérica es que, “son objeto de presiones para que abandonen sus tierras a fin de dejarlas libres para proyectos extractivos y agropecuarios que no prestan atención a la degradación de la naturaleza y de la cultura” (LS 146).

La ecología humana, es un pendiente de integrar en nuestra comprensión, sentido y práctica cotidiana, “nuestro propio cuerpo nos sitúa en una relación directa con el ambiente y con los demás seres vivientes. La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como regalo del Padre y casa común” (LS 155). También, “la ecología humana es inseparable de la noción de bien común, un principio que cumple un rol central y unificador en la ética social” (LS 156).

Es fundamental tener en cuenta el bien común, como parte integral del humano, en lo referente a lo social y ambiental, “el principio del bien común se convierte inmediatamente, como lógica e ineludible consecuencia, en un llamado a la solidaridad y en una opción preferencial por los más pobres” (LS 157-158).

“La noción de bien común incorpora también a las generaciones futuras… Si la tierra nos es donada, ya no podemos pensar sólo desde un criterio utilitarista de eficiencia y productividad para el beneficio individual. No estamos hablando de una actitud opcional, sino de una cuestión básica de justicia, ya que la tierra que recibimos pertenece también a los que vendrán” (LS 159).

Como una denuncia profética dice el papa Francisco que, “no imaginemos solamente a los pobres del futuro, basta que recordemos a los pobres de hoy, que tienen pocos años de vida en esta tierra y no pueden seguir esperando. Por eso, «además de la leal solidaridad intergeneracional, se ha de reiterar la urgente necesidad moral de una renovada solidaridad intrageneracional»” (LS 162).

Es de suma importancia tomar en cuenta que, “un mundo interdependiente no significa únicamente entender que las consecuencias perjudiciales de los estilos de vida, producción y consumo afectan a todos, sino principalmente procurar que las soluciones se propongan desde una perspectiva global y no sólo en defensa de los intereses de algunos países. La interdependencia nos obliga a pensar en un solo mundo, en un proyecto común” (LS 164).

La encíclica denuncia a nivel internacional que poco se ha avanzado en los acuerdos internacionales tomados entre los países, parecieran papel “mojado”, en este aspecto deben reaccionar los países más poderosos que tienen mayor responsabilidad en la contaminación, el empobrecimiento de pueblos y el cambio climático (LS 164-175).

“La misma lógica que dificulta tomar decisiones drásticas para invertir la tendencia al calentamiento global es la que no permite cumplir con el objetivo de erradicar la pobreza. Necesitamos una reacción global más responsable, que implica encarar al mismo tiempo la reducción de la contaminación y el desarrollo de los países y regiones pobres” (LS 175).

Un desafío es acompañar y comprometernos con los pueblos, grupos y las comunidades organizadas en los territorios, al respecto dice el papa:

“La instancia local puede hacer una diferencia. Pues allí se puede generar una mayor responsabilidad, un fuerte sentido comunitario, una especial capacidad de cuidado y una creatividad más generosa, un entrañable amor a la propia tierra, así como se piensa en lo que se deja a los hijos y a los nietos. Estos valores tienen un arraigo muy hondo en las poblaciones aborígenes. Dado que el derecho a veces se muestra insuficiente debido a la corrupción, se requiere una decisión política presionada por la población. La sociedad, a través de organismos no gubernamentales y asociaciones intermedias, debe obligar a los gobiernos a desarrollar normativas, procedimientos y controles más rigurosos” (LS 179).

La encíclica presenta el camino por la participación activa de los pueblos locales, que implica consensos abiertos que involucre los diferentes actores sociales y comunitarios (LS 183).

La perspectiva de los derechos humanos y sociales debe estar presentes en la toma de decisiones, unido a la participación de las comunidades, por ejemplo, “el agua es un recurso escaso e indispensable y es un derecho fundamental que condiciona el ejercicio de otros derechos humanos. Eso es indudable y supera todo análisis de impacto ambiental de una región” (LS 185).

La Laudato Si, es clara en decir que no se puede ver los bienes naturales, la biodiversidad y el territorio desde la lógica del mercado, en cálculos financieros (LS 190;195-196).

La encíclica se opone a un supuesto desarrollo que destruya la “hermana madre tierra” (LS 192-193). “Para que surjan nuevos modelos de progreso, necesitamos «cambiar el modelo de desarrollo global», lo cual implica reflexionar responsablemente «sobre el sentido de la economía y su finalidad, para corregir sus disfunciones y distorsiones»” (LS 194).

  • Teología de la creación en tiempos de depredación del planeta

Esta encíclica aporta una teología de la creación, de manera específica en los capítulos 2 y 6, donde se desarrolla este enfoque inspirador. Hace un abordaje bíblico-teológico, todavía conservador, desarrollando unas pautas de interpretación para la lectura de los textos bíblicos. En este sentido, es un aporte para la formación de los agentes de pastoral en sus diferentes espacios y ministerios donde sirven. Desde esta parte inspiración teórica de la encíclica, podemos plantearnos algunos desafíos.

Estos capítulos son un aporte de teología a la pastoral que realizamos en las presencias e instituciones católicas: diócesis, parroquias, colegios, obras sociales, entre otros. Es un reto incluir estos planteamientos teológicos en nuestras formaciones espontaneas y sistemáticas, especialmente, las pastorales relacionadas con la Palabra, como son las áreas de: la catequesis, escuelas de agentes de pastoral, delegados de la Palabra, misioneros, y otros. Resalto la catequesis, porque allí siempre está el contenido temático de la “creación”, o el estudio del Génesis; es de suma urgencia renovar la teología de la creación en los contenidos catequéticos y en las formadoras/es que prestan este servicio. Todavía más si hay “escuela de predicadores” o algo por el estilo.

En la misma línea los que ejercen el ministerio de la liturgia, o pastoral sacramental, es importante estudiar y dejarnos desafiar con lo planteado en el capítulo 6 de la encíclica: referente a la espiritualidad de la creación. Este documento hace una lectura de los sacramentos desde la una relación con la creación. Este capítulo aporta un enfoque y contenidos para una educación desde la ecología integral y teológica, esto favorece a la formación de los educadores de los centros escolares. El otro ámbito importante de formación es a la pastoral social o todo lo que tiene que ver con los compromisos por la defensa de la vida y cuido de la tierra.

Retomemos este principio que nos desafía, “no somos Dios. La tierra nos precede y nos ha sido dada” (LS 67); por eso, “reconocemos el valor y la fragilidad de la naturaleza, y al mismo tiempo las capacidades que el Creador nos otorgó, esto nos permite terminar hoy con el mito moderno del progreso material sin límites” (LS 78). Se trata de un cambio de enfoque y relación, “el ser humano, dotado de inteligencia y de amor, y atraído por la plenitud de Cristo, está llamado a reconducir todas las criaturas a su Creador” (LS 83).

Un principio ético, que desafía al gran capital es que, “hoy creyentes y no creyentes estamos de acuerdo en que la tierra es esencialmente una herencia común, cuyos frutos deben beneficiar a todos…todo planteo ecológico debe incorporar una perspectiva social que tenga en cuenta los derechos fundamentales de los más postergados. El principio de la subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes y, por tanto, el derecho universal a su uso es una «regla de oro» del comportamiento social y el «primer principio de todo el ordenamiento ético-social»” (LS 93). Con esto dicho entramos como creyentes en fragante confrontación con las empresas y políticos que buscan apoderarse de los territorios comunes e indígenas, que explotan y destruyen los bienes naturales.

Continuando con este principio ético, “San Juan Pablo II recordó con mucho énfasis esta doctrina, diciendo que «Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno». Son palabras densas y fuertes. Remarcó que «no sería verdaderamente digno del hombre un tipo de desarrollo que no respetara y promoviera los derechos humanos, personales y sociales, económicos y políticos, incluidos los derechos de las naciones y de los pueblos»” (LS 93).

Esta teología de la creación nos aporta una renovada reflexión, diciendo que: “La Palabra «se hizo carne» (Jn 1,14). Una Persona de la Trinidad se insertó en el cosmos creado, corriendo su suerte con él hasta la cruz. Desde el inicio del mundo, pero de modo peculiar a partir de la encarnación, el misterio de Cristo opera de manera oculta en el conjunto de la realidad natural, sin por ello afectar su autonomía” (LS 99).

Otro gran desafío eclesial, es construir, sistematizar y vivenciar en una espiritualidad de la creación, que defina el modo de relacionarnos, de estar y actuar en la vida cotidiana, “algunas líneas de espiritualidad ecológica que nacen de las convicciones de nuestra fe, porque lo que el Evangelio nos enseña tiene consecuencias en nuestra forma de pensar, sentir y vivir.  No se trata de hablar tanto de ideas, sino sobre todo de las motivaciones que surgen de la espiritualidad para alimentar una pasión por el cuidado del mundo” (LS 216).

Una novedad es la llamada conversión ecológica, “la crisis ecológica es un llamado a una profunda conversión interior…una conversión ecológica, que implica dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea” (LS 217). El papa dice, “recordemos el modelo de san Francisco de Asís, para proponer una sana relación con lo creado como una dimensión de la conversión íntegra de la persona…” (LS 218). En este proceso, “esta conversión supone diversas actitudes que se conjugan para movilizar un cuidado generoso y lleno de ternura” (LS 220), estas son:

Gratitud y gratuidad, “implica la amorosa conciencia de no estar desconectados de las demás criaturas” (LS 220). La creatividad y entusiasmo como parte de esta conversión.

Implica “un modo alternativo de entender la calidad de vida, y alienta un estilo de vida profético y contemplativo… propone un crecimiento con sobriedad y una capacidad de gozar con poco. Es un retorno a la simplicidad que nos permite detenernos a valorar lo pequeño” (LS 222).

La sobriedad y la humildad, dos cualidades olvidadas en la práctica pastoral (LS 224).

“La paz interior de las personas tiene mucho que ver con el cuidado de la ecología y con el bien común…” (LS 225).

Hacia una ecología integral como parte de nuestra espiritualidad, “implica dedicar algo de tiempo para recuperar la serena armonía con la creación, para reflexionar acerca de nuestro estilo de vida y nuestros ideales…” (LS 225).

“El cuidado de la naturaleza es parte de un estilo de vida que implica capacidad de convivencia y de comunión” (LS 228). “Una ecología integral también está hecha de simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo” (LS 230).

“El amor a la sociedad y el compromiso por el bien común son una forma excelente de la caridad, El amor social es la clave de un auténtico desarrollo” (LS 231). “De esa manera se cuida el mundo y la calidad de vida de los más pobres, con un sentido solidario que es al mismo tiempo conciencia de habitar una casa común que Dios nos ha prestado” (LS 232).

Una perspectiva de los sacramentos desde la teología de la creación (LS 235-238). Presenta con novedad de que, “El Señor, en el colmo del misterio de la Encarnación, quiso llegar a nuestra intimidad a través de un pedazo de materia. La Eucaristía es de por sí un acto de amor cósmico: «¡Sí, cósmico! Porque también cuando se celebra sobre el pequeño altar de una iglesia en el campo, la Eucaristía se celebra, en cierto sentido, sobre el altar del mundo»” (LS 236).

Esta encíclica propone una lectura teológica de la Trinidad en relación con la creación, desde la perspectiva de la escuela franciscana, “toda criatura lleva en sí una estructura propiamente trinitaria, Así nos indica el desafío de tratar de leer la realidad en clave trinitaria” (LS 239-240).

  • Líneas que emanan de la Laudato Si

La íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, este es un aspecto que está detrás de los conflictos sociales y territoriales en los países de Centroamérica.

El papa Francisco resalta como actitud el diálogo abierto y honesto con todos los organismos involucrados en cuidar y defender la casa común. Como líderes en la Iglesia tenemos que propiciar encuentros de diálogo con distintos sectores sociales y civiles.

Una perspectiva relacional como principio integral y de interdependencia en la comunidad de vida; la encíclica expone que los elementos claves que están en relación constante son: con uno mismo, con el otro, con la creación y con el Creador.

Critica al sistema de mercado que está centrado en la producción de riqueza, en obtener el redito de manera rápida, con prácticas corruptas, en detrimento de los bienes naturales, el territorio y los pueblos. El agua y los otros bienes naturales no son una mercancía, son un derecho vital. Es necesario revisar el modelo de producción, comercio y consumo.

Acompañar a las instituciones y comunidades organizadas en defensa de la tierra. El estar presente como institución eclesial: diócesis, parroquias o comunidades.

Acompañar las luchas por la defensa de la casa común, ante las empresas extractivistas. Asumir la causa de los pueblos indígenas y campesinos organizados que defienden su territorio.

Una postura profética ante los proyectos de los empresarios y políticos que no toman en cuenta la comunidad y hacen un proceso corrupto con los funcionarios del estado: monocultivos, extractivismo, proyectos de vivienda, privatización del agua y otros bienes naturales.

Formación actualizada con los contenidos de la teología de la creación, en los distintos espacios y ministerios pastorales. Programas de formación sobre ecología integral para las escuelas públicas y privadas.

Veo un cielo nuevo y una TIERRA NUEVA

Pongamos la mirada en los pueblos y comunidades que están enfrentados a los distintos proyectos de muerte en nuestro país y en la región centroamericana; esas luchas nos encienden la esperanza, la resistencia y el coraje de seguir defendiendo la “hermana madre tierra” en la cual vivimos, convivimos y nos alimentamos.

Retomemos la espiritualidad del caminante que mientras da sus pasos va contemplando el presente y mirando siempre el horizonte. Que la resistencia de los pueblos indígenas y campesinos nos motiven a resistir con esperanza y luchar por una vida con dignidad. Que los empobrecidos y los que encontramos por los caminos nos evangelicen con su pasión por la vida.