Familia FranciscanaFormación Abierta

invitación

Estimados hermanos y hermanas de la Familia Franciscana.

Reciban un afectuoso saludo de paz y bien.

Pongo en sus manos y en su corazón este pequeño Subsidio franciscano de Formación para que, abrazando sin tregua algunos elementos importantes de nuestra espiritualidad franciscana, logremos caminar juntos en verdadera comunión de hermanos y hermanas en medio de una realidad marcada por éxodos forzosos, violencia e injusticia social.

El trabajo consta de seis temas, de manera breve y sencilla, que abordan el acontecimiento de la cruzada y el encuentro entre San Francisco y el Sultán de Egipto, a 800 años de historia inconclusa y de fecundidad del seguimiento de Jesús y del espíritu misionero[1].

Estos temas son parte del Subsidio de los Ejercicios Espirituales y de la experiencia de Eremitorios de los Hermanos Menores de la Provincia franciscana “Nuestra Señora de Guadalupe”, que con mucho cariño y amor los comparte con la Familia Franciscana.

Cada tema de este Subsidio intenta abordar la riqueza de este acontecimiento inolvidable del encuentro y el testimonio de vida profundamente misionero e invita a celebrar este Octavo centenario profundizando aún más en algunos aspectos tan importantes como: el encuentro y el diálogo permanente con Dios –primado de Dios- y con el otro, como un fecundo compromiso de fe y un signo de esperanza necesario. Para complementar este caminar de reflexión y de práctica evangélica podemos utilizar además la metodología del Consejo Plenario de la Orden: “Contemplar, Discernir[2] y Salir”.

La contemplación es necesaria para discernir los signos de los tiempos, es en otras palabras poner en práctica la mística de los ojos y las manos abiertas[3] para “encarnarse” en la realidad, en la verdad de la historia, evitando evadir toda esa realidad que configura la historia misma. Asimismo, la persona contemplativa no es aquella que cierra los ojos ante la realidad actual, sino la que busca desde esta realidad dar una respuesta a Dios y a los hombres y mujeres, abriendo su corazón a nuevas formas de encuentros y cambios evidentes en el cuido integral de la creación, en la solidaridad sobre todo con los más débiles y necesitados.

En efecto, en la dimensión misionera la oración contemplativa nos lleva a abrir las puertas del corazón y la compasión, a un “cambio de paradigmas”, o sea, mentalidad nueva, que es clave importante del discernimiento cristiano que nos da fuerza para evitar caer en la tentación o en la trampa de aquellos que quieren que veamos las cosas (no con los ojos de la fe recta) de manera diferente e indiferente…

 Mediante la contemplación y el discernimiento constante, el encuentro con Dios es también una llamada a la responsabilidad evangélica ante el dolor de los marginados y explotados; esta dinámica de amor es un esfuerzo que exige “salir e ir” tras las huellas de Jesús, es decir, salir al encuentro con la fuerza del Evangelio, tras las huellas de los innumerables mártires, de los santos y santas que, como Francisco de Asís para acoger a todos, se despojó de todo, pero más que desprenderse de los bienes materiales se libera de toda tentación de poder, del poseer para que nada lo desviara del Evangelio y, asumió el misterio de la cruz de Jesús para acompañar en el misterio del sufrimiento a los hombres y mujeres –leprosos- de su tiempo.

Efectivamente, el objetivo de este Subsidio es para que la Familia Franciscana vaya cobrando mayor conciencia de su vocación y misión, de los retos y desafíos permanentes en un ambiente violento e inseguro como el que vivimos; además de hacer ver a qué nos impulsa realmente el carisma franciscano y en estos contextos históricos como respuesta concreta a los signos de los tiempos qué es lo que debemos hacer, qué caminos debemos de recorrer en autenticidad y, a raíz de este acontecimiento elaborar un proyecto fraterno de vida y misión.

Por otra parte, intenta llevarnos a una conversión a través de la reflexión individual y en fraternidad, además que es un tiempo de formación espiritual y de búsqueda de verdadera comunión, es decir, capaces de vivir en fraternidad y de edificar la fraternidad misionera entre todos para que seamos capaces de la calidez y verdad en las relaciones interpersonales, inclusive con otras religiones.

Que la reflexión nos provoque un discernimiento de nuestra vida y evaluar la misión (apostolado), los proyectos de evangelización para cuidar mejor la ecología integral, el planeta que es de todos y que está constantemente amenazado, que además revisemos nuestras creencias religiosas, la espiritualidad, desde la cual debemos estar siempre abiertos a la fuerza y el soplo del Espíritu Santo (cf. Jn 3, 8), que nos oriente hacia el futuro en la urgencia de la misión.

En este contexto el Papa San Juan Pablo II, nos dice claramente: “El empeño franciscano en el diálogo con los musulmanes no es nuevo: se remonta, de hecho, a san Francisco, quien fue personalmente al encuentro del rey musulmán Al-Kamil en Egipto. San Francisco de Asís ha dejado a sus hijos directivas sobre la manera de llevar a cabo las relaciones con los musulmanes. También, continuando hoy el diálogo interreligioso, en particular con los seguidores del Islam, vosotros sois fieles a uno de los carismas de vuestra Orden. Me da gusto ver renovarse después de algunos años este compromiso de familia franciscana en el diálogo interreligioso que entra en el cuadro de la misión evangelizadora de la Iglesia”[4].

Además, recordemos que un aspecto importante de la Formación permanente es la lectura espiritual, que da forma a la vida y guía nuestras decisiones; un ejemplo es el Padre Pío da Pietrelcina, canonizado el 16 de junio de 2002; él afirmaba que aprendió a Orar a través de la lectura de los buenos libros: “La lectura espiritual nos es tan necesaria como el aire que respiramos. Lea, lea mucho y que no falte jamás a esta buena lectura, una ferviente y humilde oración”.

Es decir, el padre Pío, para acrecentar la formación humana y espiritual de la persona, invita a que: “lean buenos libros con la mayor frecuencia que puedan, pero con mucha devoción; sean asiduos a la meditación, a la oración y al examen de conciencia varias veces al día”.

Finalmente nos regala otra clave interesante de su itinerario de santidad: “… en la meditación el alma habla a Dios, en la lectura espiritual Dios habla al alma a través de las páginas de estos buenos libros”[5].

En conclusión, la formación para la misión es clave para nuestra espiritualidad y para “otro mundo posible”; así lo afirma Fr. José Rodríguez Carballo: “Formar para la misión exige recuperar la unidad entre fe y misión: “quien realmente ha encontrado a Cristo, debe comunicarlo a los demás”. Exige recuperar la unidad entre vocación y misión: somos llamados para ser enviados, para salir, para ir entre, para testimoniar y anunciar. Exige recuperar la unidad entre fraternidad y misión: toda la fraternidad ha de sentirse en misión y la misión se vive en y con la fraternidad. Exige reapropiarnos las intuiciones misionarias de Francisco, que están a la base de nuestro carisma”[6].

Un agradecimiento especial a Mons. Luis Morao OFM, que ha dedicado su tiempo para revisar y corregir este Subsidio franciscano con el deseo de promover un caminar juntos, un andar cargado de múltiples encuentros, retos y desafíos, sobre todo de grandes y pequeñas esperanzas.

Fraternalmente Fr. Anselmo Alberto Maliaño Téllez OFM


[1] Recordemos que el Papa Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica postsinodal: Vita Consecrata, 1996, n. 72, afirma: “la misión en el mundo empieza con el testimonio de vida, haciendo presente a Cristo en el mundo mediante el testimonio personal, continúa con el testimonio de la vida fraterna en comunidad, y se manifiesta con las obras de apostolado o de promoción humana”.

[2] Papa Francisco en la Exhortación Apostólica: GAUDETE ET EXSULTATE, nn 166- 174. “No se discierne para descubrir qué más le podemos sacar a esta vida, sino para reconocer cómo podemos cumplir mejor esa misión que se nos ha confiado en el Bautismo, y eso implica estar dispuestos a renuncias hasta darlo todo. Porque la felicidad es paradójica y nos regala las mejores experiencias cuando aceptamos esa lógica misteriosa que no es de este mundo, como decía san Buenaventura, refiriéndose a la cruz: ‘Esta es nuestra lógica’. Si uno asume esta dinámica, entonces no deja anestesiar su conciencia y se abre generosamente al discernimiento” (174).

[3] “¿Hay acaso algo más bello que una mano tendida? Esta ha sido querida por Dios para dar y recibir. Dios no la ha querido para que mate (cf. Gn 4, 1ss) o haga sufrir, sino para que cuide y ayude a vivir. Junto con el corazón y la mente, también la mano puede hacerse un instrumento de diálogo”. Cf. Mensaje del Papa Francisco para la celebración de la 52 jornada mundial de la paz: La buena política está al servicio de la paz, enero de 2019. N. 5.

[4] Juan Pablo II, El diálogo con el Islam es parte de vuestro carisma. Discurso a los participantes al Congreso sobre el diálogo con los Musulmanes. Roma 26 de agosto de 1995.

[5] Cf. Joachim Bouflet., Padre Pío. De la condena del Santo Oficio al esplendor de la verdad. San Pablo, 2016. P. 160.

[6] Cfr. Fr. José Rodríguez Carballo, VERBUM DOMINI NUNTIANTES IN UNIVERSO MUNDO, Roma, 2009. No. 232, p. 238.