Familia FranciscanaFormación AbiertaRed de parroquias

Ofreciendo más espacios al liderazgo juvenil

Fr. Anselmo Maliaño Téllez OFM.

El mundo actual de la juventud[1] es un escenario importante, en donde ha surgido un protagonismo inimaginable en todos los campos; los jóvenes están aportando nuevas luces a la sociedad, y el liderazgo que tienen va ganando terreno poco a poco.

En general, el Papa Francisco, brinda un voto de confianza profunda en las personas que ejercen un auténtico liderazgo y ofrece líneas de acción para que los líderes del área religiosa encuentren a su vez elementos válidos para superar toda dificultad y aprender a trabajar en equipo.

En realidad este tema pone de relieve retos y desafíos muy importante, que hemos olvidado muchas veces y está claramente en disonancia en buena parte del aspecto pastoral; el Papa Francisco nos invita a cuestionarnos y nos reta para que ofrezcamos una “frescura” a la misión, una “Iglesia de puertas abiertas”, una “Iglesia que se incline hacia los más débiles”, una “Iglesia en salida, hacia las periferias geográficas y existenciales”[2]. Sin embargo, nos encontramos con muchas resistencias y miedos: ¿a qué le tenemos miedo? ¿Por qué no abrimos las puertas, o por qué sólo están “entreabiertas”? Además en nuestro caso particular ¿por qué hemos dejado que el carisma se empolve más ahí encerrado?

Recordemos algunos acontecimientos importantes en el Antiguo Testamento, Dios llama a algunas personas para liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto[3], en este contexto de liberación: de salida, de acompañar, de caminar por el desierto; esos líderes descubren cómo Dios se da a conocer, dice quién es Él (Ex 3, 14) en esa misma experiencia salvífica de su pueblo pobre y esclavizado. En el Nuevo Testamento, el Verbo encarnado, pobre y crucificado es la experiencia de la revelación de Dios, que en su Hijo amado sigue atento al clamor de los pobres y marginados para salvarlos. Jesús llama a hombres y mujeres y les concede una tarea, una misión importante: servir hasta las últimas consecuencias… ofrecer la vida misma por amor al proyecto del reino de Dios.

Curiosamente, el joven Francisco de Asís, fue un gran líder de la juventud y deseaba más al emprender proyectos de caballería, hasta que fue apresado y encarcelado. En cualquier caso, el liderazgo de Francisco refleja hondamente un cambio de rumbo, un desprendimiento de todo y una reflexión orante de su vida y de la realidad.

En efecto, fue todo un proceso de conversión que vive el joven Francisco de Asís, una búsqueda concreta y constante de la voluntad de Dios de cara a los desafíos del momento. Más aún, en un contexto de injusticias y desigualdades, y en un ámbito eclesial adverso a esta realidad; Francisco opta desde el Evangelio por los pobres, se despoja totalmente para servirles; hace de la fraternidad un espacio para abrazar el proyecto del Evangelio, que es siempre una misión de amor al prójimo…

En su experiencia de seguimiento de Jesús pobre y crucificado, que desde la cruz de San Damián le invita a “reparar la Iglesia”, desde los leprosos, desde los pobres y marginados de su sociedad, desde la fraternidad y en minoridad. Es Dios que continua actuando en la Iglesia y en el mundo a través de este otro gran líder, Francisco de Asís, que como joven vivió a radicalidad este proceso histórico marcado por la novedad de la misión que asume gozosamente junto a su movimiento pauperístico y penitente.

El liderazgo como clave de la misión evangelizadora

En el año 2015, el Papa Francisco en su viaje a cuba dijo a los jóvenes, “un líder es un buen líder si es capaz de hacer surgir entre los jóvenes otros líderes… si un líder quiere ser líder el solo es un tirano. O sea, el verdadero liderazgo es fecundo y, cada uno de ustedes, tiene la semilla del liderazgo adentro. Háganla crecer. Sean líderes en lo que les toca ser líderes. Líderes de pensamiento, líderes de acción, líderes de alegría, líderes de esperanza, líderes de construcción de un mundo mejor”.

En el mensaje a los jóvenes del santo Padre Francisco (2018), invita a “vivir con alegría la propia responsabilidad ante el mundo es un gran desafío. Conozco bien las luces y sombras del ser joven, y, si pienso en mi juventud y en mi familia, recuerdo lo intensa que era la esperanza de un futuro mejor”. Además señala que: “Por amor al Evangelio, muchos hombres y mujeres, y muchos jóvenes, se han entregado generosamente a sí mismo, a veces hasta el martirio, al servicio de los hermanos”.

Ciertamente, un líder joven a veces puede generar relaciones disfuncionales, dificultades de organización o situaciones conflictivas que afecta a la revitalización de la Iglesia, este líder requiere que profundice en una espiritualidad especifica que fundamente la comunión. Para ejercitarnos en la comunión es necesario que la persona que ha sido elegida como líder profundice en estos defectos y se deje acompañar sobre todo para que estos aspectos negativos no vayan a deteriorar las relaciones de trabajo (equipo de trabajo) y servicio en la parroquia o en la Iglesia.

Un liderazgo para la comunión

A continuación señalaremos ¿Cómo define San Juan Pablo II, la espiritualidad de comunión? “Espiritualidad de la comunión es también capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un “don para mi” además de ser un don para el hermano, que lo ha recibido directamente. En fin, espiritualidad de la comunión es saber “dar espacio” al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (Gal 6, 2) y rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos acechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidia. No nos hagamos ilusiones: sin este camino espiritual, de poco servirían los instrumentos externos de la comunión. Se convertirían en medios sin alma, en máscaras de comunión más que en sus modos de expresión y crecimiento”[4].

En realidad los jóvenes esperan mucho de la comunión de la Iglesia, por ejemplo, las Jornadas mundiales de la juventud motivadas por el ahora San Juan Pablo II, desde el año 1985; y ahora, ojala que como Fraternidad misionera tengamos la audacia de que los ofrecimientos que se hagan a su favor se vayan convirtiendo de inmediato en proyectos pastorales efectivos. En fin, cómo dejarnos desafiar más por los jóvenes de nuestras presencias.

Finalmente, ante la crisis vocacional, crisis de fe y de liderazgo eclesial, resuenan muchas preguntas sobre todo cuál debería de ser nuestra visión de la pastoral vocacional, cuál es entonces nuestro objetivo primordial como franciscanos –decisiones concretas y búsqueda de testimonios de comunión- para mantener la condición de nuestra identidad carismática.

Reflexión para escuchar voces y reacciones acerca del liderazgo juvenil

Hay que tener muy en cuenta el lema de este congreso misionero: “Peregrinos descalzos como hermanos de todos” y desde la metodología: escuchar, discernir y salir.

En esta búsqueda de acciones que exigen un testimonio de comunión, en nuestros planes pastorales y de evangelización que elementos de nuestra espiritualidad podemos ofrecer a los jóvenes para que puedan desarrollar un auténtico liderazgo para promover una cultura de la paz y del diálogo: algunas propuestas responsables (acciones concretas).

Algunas claves para asumir y alcanzar lo que el Papa Francisco en el Sínodo de los jóvenes nos ha planteado como: acompañar a cada joven hacia la alegría del amor.

Desde el punto de vista de lo urgente (nuevos desafíos) y desde el punto de vista estructural (socio-político), la realidad de los jóvenes más que asunto de reflexión teórica y académica, radicalmente constituyen nuestra prioridad pastoral-evangelizadora. ¿Cómo podemos hacer para ofrecerles y sobre todo asumir el compromiso de acompañarles en esos espacios de liderazgos y de formación humana y cristiana?


[1] En Centroamérica un gran sector de la juventud está asumiendo retos sociales de cambios, por ejemplo en Nicaragua los jóvenes han obligado al gobierno a tomar en cuenta su sentir y pensar, sus necesidades y sus aspiraciones. Sin embargo, el gobierno tirano no ha tomado en cuenta el rol positivo de los jóvenes y los ha reprimido y masacrado. Son jóvenes estudiantes que demandan cambios urgentes en los distintos ámbitos sociales, al igual que un buen sector de la juventud guatemalteca que busca de manera incuestionable los cambios necesarios; en realidad el liderazgo de muchos jóvenes aportan una incidencia más notoria y sobre todo vivificante, es una vivencia de un liderazgo de frescura y de creatividad en todos los ámbitos.

[2] La periferia más desolada de la humanidad necesitada de Cristo es la indiferencia hacia la fe o incluso el odio contra la plenitud divina de la vida. Cualquier pobreza material y espiritual, cualquier discriminación de hermanos y hermanas es siempre consecuencia del rechazo a Dios y a su amor. Mensaje del Papa Francisco a los jóvenes, 2018.

[3] Antes de ser nombrado el Papa Francisco, afirmaba: “Los grandes líderes del pueblo de Dios fueron hombres que dejaban espacio a la duda. Si volvemos a Moisés, vemos que es el más humilde de la Tierra. Ante Dios, nadie fue tan humilde, y aquel que quiera liderar al pueblo de Dios debe darle su espacio a Dios; debe entonces encogerse y recogerse en sí mismo con la duda, en la experiencia interior de la oscuridad, en el no saber que hacer, en todo lo que finalmente es muy purificador. El mal líder es aquel que tiene seguridad en sí mismo y es obcecado. Una de las características del mal líder es ser excesivamente normativo como resultado de su extrema confianza en sí mismo”. Cfr. Jeffrey Krames, Liderar con humildad. 12 lecciones de liderazgo del Papa Francisco, Buenos Aires, 2014, Pp 94-95.

[4] Juan Pablo II, Novo millennio ineunte, n. 43.