Familia FranciscanaFormación Abierta

sexto tema: Fraternidad contemplativa en misión

El encuentro es auténtico cuando desde la novedad del Evangelio lleva respectivamente a la paz y la justicia, que es el germen de las relaciones interpersonales, en las cuales la alteridad es ineludible. Además, la sensibilidad, la afectividad y la simpatía es un proceso integral en el que Francisco de Asís –movido por la gracia divina- se va abriendo a lo largo de la vida para crear una “fraternidad-signo”[1], para recorrer las sendas del mundo evangelizando, es decir, encarnando el Evangelio[2].

Diálogo como fundamento de un nuevo comienzo

Asimismo, en esta dinámica misionera al celebrar estos 800 años estamos invitados a descubrir que este es un verdadero momento histórico, que nos indica con mayor intensidad un año misionero que tiene su fundamento en la acción misionera del encuentro, del diálogo, de la paz y la defensa de la vida (derechos humanos), sin olvidar jamás la opción por los pobres.

Para San Oscar Romero la novedad del Evangelio lleva a la opción por los pobres, que es un encuentro real con el rostro del que sufre y es marginado, y es además una praxis eclesial que debe caracterizar y estimular el compromiso misionero de todos los cristianos en medio de los problemas cotidianos como la violencia en todas sus modalidades (Cf. Evangelii Gaudium 59-60; Mons. José Luis Escobar Alas., I Carta pastoral: Veo en la ciudad violencia y discordia, San Salvador, 2016).

 La mirada eclesial –contemplativa- del Pastor, es misericordiosa (Heb 2, 17), según el amor universal de Dios y a la vez, una misericordia comprometida (Mt 5, 7) para encarar proféticamente desde la justicia tanto dolor y sufrimiento inhumano de nuestra sociedad.

No obstante, este encuentro entre Francisco y el Sultán ejerce una incuestionable influencia en la misión y evangelización de los franciscanos y sus implicaciones para constituir el sentido universal de una fraternidad contemplativa impregnada de la novedad del Evangelio.

Y, sin embargo, el legítimo interés de Francisco es vivir la grandeza del seguimiento de Jesús pobre y crucificado, que, a través de su forma de vida transmite el valor de la paz, de la reconciliación, del amor, del perdón, como una urgencia que emana del Evangelio y, por otro lado, la auténtica reciprocidad del Sultán para entender la problemática de la alteridad en un momento de conflicto bélico. Por tanto, se confirma la frase que dice: “La grandeza del hombre nace de la miseria” o “La fuerza que nace de la debilidad”… en realidad, Francisco es un hombre débil pero tiene la fuerza de lo alto, no es indiferente ante el dolor y el sufrimiento, y por eso, tiene la grandeza de la cruz de Cristo.

Indudablemente, Francisco tiene presente esa debilidad antes de su conversión, cuando busca afanosamente la gloria a través de las armas, aunque la caballería era un sueño evasivo, una ambición desequilibrada, egoísta y masoquista… Una enfermedad suicida a la que están esclavizados muchos, aunque esté camuflajeada de misión cristiana –cruzada-; gracias a la derrota, a la cárcel, Francisco reconoce que estaba equivocado y que era insuficiente a su sueño de caballero… ahora frente a la derrota de los cruzados ante el Sultán, Francisco encuentra el verdadero camino a la paz y la justicia que representa a la vez la universalidad del don que supera toda dificultad y mentalidad agresiva y bélica.

Efectivamente, para el siervo de Dios Francisco, la paz procede del corazón, al pedir humildemente en la oración a Jesús crucificado el alumbramiento divino “ilumina las tinieblas de mi corazón”, que es una libertad del espíritu para renunciar a todo lo que desintegra, todo acto de violencia, a los deseos de poder y búsqueda de gloria mundana; la relativización de la alteridad (yo-tú) ya no tienen cabida en su corazón.

El caballero de Cristo, Francisco, recibe gratuitamente la luz de lo alto, que lo transforma en un hombre de paz y de amor al prójimo. Este amor es el que define el camino de la santidad. De acá en adelante en su corazón anidará el don de la paz y pide a sus hermanos anunciar la paz en todo momento, ser hermanos constructores de paz y bien, hombres y mujeres de paz y para la paz. La fraternidad estará marcada por este ambiente evangélico del camino hacia la paz, aunque con diversos matices.

La experiencia de la “fe recta” vivida en fraternidad, abierta a la relación con los demás, evitando todo aquello que aparta del sentido original de la vocación y misión, y de ser sobre todo portador del Evangelio de la paz en medio de cualquier problemática o crisis de alteridad.

“Bienaventurados los que trabajan por la paz” Mt 5, 9.

De hecho, el resultado de este encuentro con el Sultán es, ante todo, la universalización del carisma, configura así la hermandad universal, en definitiva, Francisco es el hermano universal que busca la paz para todos, en realidad un desafío permanente: construir una cultura de paz.

De un modo completamente nuevo, este encuentro histórico nos permite acercarnos a un hombre de fe recta, que toma la iniciativa de ponerse siempre en camino en virtud de la luz que ha iluminado las tinieblas de su corazón, irradia hermandad con la fuerza del Espíritu[3].

Para comprender este carácter espiritual e histórico, la paz es la virtud influyente y transmite una mística que ayuda a alcanzar aun en medio del conflicto la Alteridad divina o del Absoluto -contemplar el Sumo Bien, todo el Bien, único Bien-, y la alteridad humana, esencialmente del rostro del prójimo, el rostro del que sufre, del leproso que el siervo de Cristo abraza y besa (San Buenaventura, Leyenda Mayor 1,6; 2, 6).

En este sentido la dinámica del encuentro es enriquecedora y nos hace tomar conciencia de que en este camino histórico que San Francisco nos dejó legado, en el contenido propio de la espiritualidad, siempre abordamos la inagotable tarea de la construcción de la paz, la lucha por la justicia, el cuido eficazmente de la Casa Común y justamente con el principio antropológico de la alteridad cuya importancia nuevamente está en crisis[4].

En principio, hay muchas preocupaciones en este mundo individualista, consumista, sujeto a cambios rápidos, donde se relativiza la alteridad, el diálogo, en fin, la comunicación mediada por la tecnología que ha conducido a la persona al individualismo.

Ante algunos desafíos, el siervo de Cristo nos ayuda a comprender mejor nuestra vocación y misión, la novedad del Evangelio que son las enseñanzas fundamentales de Jesús en su dimensión dialógica y de encuentros, es decir, el modo en que se relaciona con las personas de su tiempo y sobre todo esa manera de relacionarnos con Dios que es la Alteridad Absoluta y dar siempre prioridad al prójimo, al leproso, al enfermo.

Por otra parte, Francisco ante la grave falta de comunión con la naturaleza, también nos ofrece la alteridad de las criaturas, que es el modo de relación con el cosmos, con la naturaleza, como desafíos actuales que facilitan la contemplación, la alegría, el encuentro fraterno, la hermandad y un compromiso diligente cada vez más responsable que nos lleve a un total desapego, a renunciar a determinados bienes de consumo superfluos y a determinadas formas de vida que aumentan la crisis ecológica (LS 48).

Universalización del don de la paz

La paz es un don que tiene una validez universal, y es precisamente la fraternidad franciscana la responsable de transmitir dicho valor evangélico frente a una profunda crisis social (aumento del armamentismo y de la industria bélica) sumado a la extinción de muchas especies de la fauna y de la flora, es decir, la devastación inacabable del medio ambiente. En este contexto, hay diversos niveles de responsabilidad, sin embargo, la paz, la justicia y el cuidado de la creación son más que tareas y más que funciones; representan claramente una misión histórica de la Iglesia, una misión que jamás podemos desconocer o menospreciar.

Por lo mismo, el encuentro y el diálogo auténtico con el otro reflejan la verdad del sentido de la vida (estructura de la personalidad), que está en constante comunicación –es dialogal- y que transmite el sentir de la fraternidad universal y la minoridad[5], en donde se viven las opciones concretas de vida y se camina en esa misma dirección del primado de la caridad, y por lo mismo, en comunión con todo lo que nos rodea.

Así pues, el don de la paz se deja sentir en la medida que esta experiencia de desapropiación y “restitución”[6], abarca totalmente al otro –leproso- y es a la vez un desafío siempre actual, porque se deja interpelar (confrontarse) por el rostro del pobre y humilde. En otras palabras, la gracia de la vocación y misión del franciscano y franciscana es descubrir que es capaz de restituir todo a Dios y abrirse a la novedad del Evangelio que es siempre apertura al otro (coloquio intersubjetivo), que es comunión universal sobre todo con aquellos que llevan a cuesta variadas formas de sufrimiento y pobreza.

La “restitución” a la luz de nuestro carisma y misión, asume con más interés el deseo de que la evangelización es una tarea que favorece el camino de conversión y contemplación. Este camino de conversión nos ayuda a alcanzar una madurez humana, que se caracteriza por la dimensión contemplativa de vida en fraternidad y por el deseo de promover el bien común y acompañar a los que sufren abandono e injusticias cometidas por el sistema vigente.

La contemplación es la urgencia de vivir y anunciar la alegría que es el don del Evangelio. Y, con ello, el envío evangelizador, es “ir más allá, es salir a las periferias y discernir los signos de los tiempos para tener siempre el corazón vuelto al Señor, que se refleja en la entrega generosa, ser pacíficos y portadores de la paz, con todo, tiene que estar sostenidos por el silencio, la vida de oración y devoción[7].

No obstante, el misionero contemplativo puede lograr pequeñas y grandes renuncias, abrazar[8] y a la vez dejarse abrazar por las personas en sintonía con aquel abrazo de Francisco al leproso y el abrazo de Santo Domingo, encontrando mucha complementariedad. Además, de asumir la urgencia de la evangelización inculturada, en la primacía del encuentro con el pobre, motivando la apertura y el diálogo, salvaguardando la paz y la justicia en nuestro tiempo actual, recordemos que el fiel discípulo de Cristo es esencialmente un hombre de paz, que no se hizo del lado de los cruzados, estuvo siempre más allá de los intereses políticos del momento y de los ídolos de la muerte, él estaba profundamente identificado con la memoria viviente y provocativa de Jesucristo[9].

Concluimos con este aporte interesante de la urgencia y el deber de la evangelización desde la fraternidad[10], en fidelidad a nuestra espiritualidad franciscana[11] y la Iglesia, en el deseo de seguir intensificando las buenas obras, el diálogo y el encuentro con el otro, la misión insoslayable de la Familia Franciscana para ser artesanos de la paz[12], orar continuamente por la paz del mundo, impulsados siempre por la propuesta que mueve el deseo del Papa Francisco: “Iglesia en salida hacia las periferias”…

En este empeño, debemos de empezar a sentirnos siempre enviados, ya que tenemos un largo camino que recorrer, una meta que es orar continuamente por la paz en el mundo para contribuir a su fortalecimiento y la edificación de sociedades pacíficas y nuevos tipos de liderazgos en la justicia social y ecológica, es decir, una tarea persistente de ser promotores de la justicia, que nos mueva a cuidar con respeto sagrado la ecología integral, según el Papa Francisco es la urgencia de avanzar y la prontitud de estar muy atentos para que “¡No nos dejemos robar la fuerza misionera!” (Evangelii Gaudium n. 109).

Preguntas para la reflexión y conclusiones fraternas

Para la reflexión y trabajo posterior nos pueden servir estos enlaces:

http://servicioskoinonia.org/agenda/archivo
http://servicioskoinonia.org/boff
http://servicioskoinonia.org/relat
  1. ¿Cómo podemos privilegiar la dimensión contemplativa y misionera de la vida franciscana?
  • ¿Cómo podemos promover nuevas formas de evangelización y organizar comisiones de paz y justicia, el cuido de la Casa Común tan deteriorada por la explotación ilimitada de sus recursos?
  • ¿Qué más podemos hacer para el desarrollo de la misión evangelizadora en Tierra Santa, promovidas desde hace 800 años por el mismo san Francisco?
  • La paz es un bien que debe de ser defendido, especialmente en épocas de crisis y de conflictos, pero esto requiere que vivamos la centralidad del Reino que es creer en la paz, el perdón y el amor. ¿Cómo podemos ser instrumentos de paz y mantener la preocupación para promover el rezo del rosario por la paz? ¿Qué decisiones concretas podemos asumir para seguir exigiendo la paz?

Bibliografía utilizada

Artemio Vítores González, OFM., Francisco de Asís y Tierra Santa, Ed PPC, Madrid, 2012.

Curia General OFM., El diálogo de los creyentes siguiendo las huellas de San Francisco, Roma, 2006.

Leonhard Lehmann., Francisco, el Santo del encuentro, en Selecciones de Franciscanismo 62, 1992.

Manuel Corullón Fernández OFM., Francisco de Asís y el Sultán, Colección hermano francisco minor. n. 14. Ediciones Franciscanas Arantzazu, 2017.

Romain Mailleux., Francisco de Asís, evangelizador y hombre de paz, en Selecciones de Franciscanismo 57, 1990.



[1] “… el bienaventurado Francisco se fundamentó a sí mismo y fundamentó la Religión sobre piedra firme, es decir, sobre la excelsa humildad y pobreza del Hijo de Dios, llamándola Religión de los Hermanos Menores… después que los hermanos empezaron a multiplicarse, quiso que viviesen en los hospitales de los leprosos para servir a éstos. En aquella época, cuando se presentaban postulantes, nobles y plebeyos, se les prevenía, entre otras cosas, que habrían de servir a los leprosos y residir en sus casas”. Leyenda de Perusa 9.

[2] “La missio inter gentes implica una actitud de simpatía [sensibilidad y afectividad] por el mundo como condición para entrar en diálogo con los hombres y mujeres de hoy y para la evangelización. No se trata de acomodarse al mundo y tampoco de suspender el juicio crítico respecto de él. Se trata más bien de aprender a ser capaces de proyectar una mirada positiva sobre los contextos y las culturas en que estamos inmersos, descubriendo las oportunidades inéditas de gracia que el Señor nos ofrece a través suyo. Vivimos un nuevo Kairós que él nos da a través del colapso de los anteriores paradigmas sociales, culturales y religiosos y de la emergencia de los nuevos que trae aparejado el cambio de época que estamos viviendo. De esta manera la misión evangelizadora se convierte en camino de ida y vuelta que comporta dar, pero también recibir, en actitud de diálogo”. Fr. José Rodríguez Carballo. Portadores del don del Evangelio, Asís, 2009. N. 15, p. 12.

[3] Es necesario… “Formarnos para el diálogo y restituir el Evangelio en estos ámbitos es obra del Espíritu cuya acción no conoce fronteras, pues es él quien impulsa a ir cada vez más lejos, no sólo en sentido geográfico, sino también más allá de las barreras étnicas y religiosas, para una misión verdaderamente universal”. Fr. José Rodríguez Carballo. Portadores del don del Evangelio, Asís, 2009. N. 24, p. 17.

[4] El Papa Francisco en la encíclica “Laudato Si”, propone que para resolver la crisis es necesario el diálogo: “Especialmente entrar en diálogo con todos sobre nuestra casa común” (LS 3). Y además invita a todos a reconocer: “La riqueza que las religiones pueden ofrecer para una ecología integral y para el desarrollo pleno del género humano” (LS 62).

[5] “En este horizonte de comprensión, ser “menores” quiere decir abandonar todo deseo de dominio, toda actitud y forma de prepotencia: “No somos Dios. La tierra nos precede y nos ha sido dad… en definitiva, ‘la tierra es del Señor’ (Sal 24,1), a él pertenece ‘la tierra y cuanto hay en ella’ (Dt 10, 14). Por eso, Dios niega toda pretensión de propiedad absoluta: ‘La tierra no puede venderse a perpetuidad, porque la tierra es mía, y ustedes son forasteros y huéspedes en mi tierra’ (Lv 25, 23)” (LS 67). Así se entiende que sólo viviendo con autenticidad nuestra minoridad, sólo desde la experiencia de la bondad de Dios, el único propietario, bueno y generoso, que ha creado todo con amor, podremos contribuir a edificar la fraternidad universal. Cfr. Fr. Michael Perry, OFM., El que tenga oídos que oiga lo que el Espíritu dice… a los Hermanos Menores hoy, Roma, 2018, N. 121.

[6] “Y restituyamos todos los bienes al Señor Dios altísimo y sumo, y reconozcamos que todos son suyos, y démosle gracias por todos ellos, ya que todos los bienes de Él proceden”. 1R XVII, 17.

[7] Afirma Fr. José Rodríguez: “La calidad y la fecundidad de nuestra actividad, particularmente de nuestra misión evangelizadora, depende de la calidad de nuestra oración. Todo ha de estar ‘enraizado en la contemplación y en la oración’… el espíritu de oración y devoción, la contemplación y la oración, son los únicos que activaran, fecundaran y configuraran críticamente la acción. Con frecuencia entre nosotros hay demasiado divorcio entre oración y vida, entre vida y oración. “Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, sino permanecéis en mi” (Jn 15, 4). Fr. José Rodríguez Carballo, VERBUM DOMINI NUNTIANTES IN UNIVERSO MUNDO, Roma, 2009. No. 104, p. 92.

[8] “Abrazar al otro en su pobreza, respetando su alteridad, vivir con él la experiencia de ser hermanos y hermanas, significa romper las barreras del egoísmo y del individualismo que, quizás hoy más que nunca, son la causa de los males de la sociedad”. Fr. José Rodríguez Carballo., Ser Franciscanos y franciscanas hoy, 2003. pág. 463.

[9] “Identificarse con Jesucristo es también compartir su destino: “Donde yo esté estará también el que me sirve” (Jn 12,26). “El Cristiano corre la misma suerte del Señor, incluso hasta la cruz: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que me siga” (Mc 8,34). Nos alienta el testimonio de tantos misioneros y mártires de ayer y de hoy en nuestros pueblos que han llegado a compartir la cruz de Cristo hasta la entrega de su vida”(Aparecida 140).

[10] “… la fraternidad es la matriz vital de la misión evangelizadora. Evangelizada, la fraternidad se vuelve evangelizadora. Por eso la calidad evangélica de vida es un elemento decisivo de la consistencia de nuestra misión y de nuestra evangelización. Fr. José Rodríguez Carballo, VERBUM DOMINI NUNTIANTES IN UNIVERSO MUNDO, Roma, 2009. No. 30, p. 32.

[11] “La espiritualidad que alimenta nuestra vida y misión evangelizadora nunca es ajena a la vida de nuestros pueblos y lo que la afecta. La llamada justicia ambiental, la no violencia activa, los refugiados, los emigrantes, los sin tierras, las minorías étnicas, el uso ético y solidario de las fuentes financieras o la epidemia del VIH-SIDA son realidades entre otras muchas que tiene que ser llevadas a la oración y discernidas en nuestra práctica cotidiana de la lectura orante de la Palabra de Dios. Los valores de la justicia, la paz y la integridad de la creación, que son valores de cepa evangélica, deben hacerse naturalmente presentes en nuestra vida de oración y devoción al igual que en la vida cotidiana y en el ejercicio de nuestros ministerios. Estamos llamados a construir puentes de diálogo, de encuentro, de reconciliación y de paz; a ser mensajeros de la cultura de la vida en todo el arco de su desarrollo; a ser, en fin, custodios de la esperanza”. Fr. José Rodríguez Carballo. Portadores del don del Evangelio, Asís, 2009. N. 30.

[12] Señala el Papa Francisco: “Hoy más que nunca, nuestras sociedades necesitan “artesanos de la paz” que puedan ser auténticos mensajeros y testigos de Dios Padre que quieran el bien y la felicidad de la familia humana” (5). Y añade: “La paz es una conversión del corazón y del alma, y es fácil reconocer tres dimensiones inseparables de esta paz interior y comunitaria: 1. La paz con nosotros mismos, rechazando la intransigencia, la ira, la impaciencia y –como aconsejaba san Francisco de Sales- teniendo “un poco de dulzura consigo mismo”, para ofrecer “un poco de dulzura a los demás”; 2. La paz con el otro: el familiar, el amigo, el extranjero, el pobre, el que sufre… atreviéndose al encuentro y escuchando el mensaje que lleva consigo; 3. La paz con la creación, redescubriendo la grandeza del don de Dios y la parte de responsabilidad que corresponde a cada uno de nosotros, como habitantes del mundo, ciudadanos y artífices del futuro”. Mensaje del Papa Francisco para la celebración de la 52 jornada mundial de la paz: La buena política está al servicio de la paz, enero de 2019. N. 7.